domingo, 20 de mayo de 2012

La IZQUIERDA RICA cuenta nubes.


       El cielo está despejado. No hay nubes en el firmamento. La mañana ha estado limpia desde que amaneció… Ni cirros, ni cúmulos… ¡Todo sol!: hermosura de sol que nos caldea, que nos calienta después de estos extraños días pasados en los que prácticamente de la nieve y el abrigo hemos pasado a ir por la sombra y en manga corta… ¡qué bonita la primavera donde la hay, donde dejan que florezca! Qué hermosura allí donde no transcurre en un abrir y cerrar de ojos… Eso fue...
        Hoy, en este día, me entero de que una vez más los SOCIALISTAS en el gobierno me vuelven a bajar el sueldo. Es hermoso…, como la primavera. Ya sé que la exclusiva del miserismo, el limosneo, el reparto, la preocupación por los desterrados en este valle… lo tienen ellos, las gentes de la izquierda, ustedes ya saben… ¡eso que yo no sé qué es, pero me va gustando más y más! (A ver si don Emilio Botín, el banquero rojo, nos invita a darle unas manitas a las perdices en alguna de sus fincas… ¡las cervezas, don Emilio, las pago yo!, que para eso tengo una nevera que me compró mi mujer para llevar al campo… ¡qué hermosura, qué bonito!). Pues eso, ¡que tan feliz que estoy…! Me parece maravilloso que después del despilfarro de sus planes E, tras tener a la banca en la Champions League de la banca mundial que dijo ZP I, el Necio,…, después de llevárselo y malrrotarlo en empresas que no dieron ni beneficios, ni trabajo, ni la cara… Pues eso, feliz, de que me bajen en sueldo… ¡La verdad es que hay donde bajar, oiga! Para eso uno es funcionario y no tiene derecho a nada, ya sabe, donde manda patrón… Y así, si los compañeros del partido han decidido, eso sí, la culpa es de Rajoy, de Europa, de la crisis y de Benedicto XVI y el Dalai Lama que no saben pedir al Cielo bien, que ya lo dejó escrito San Agustín
        Eso sí, la progresía no sé por qué la ha tomado con las nubes. Ahí tiene a ese gran actor e intelectual, Bardem, con sus nubes, ¡qué pedazo de escuela nos has dejado ZP…! Hijos de las nubes… ¡bonito título! Aunque me gusta más, lo reconozco, Esos psicópatas no estaban en las nubes

Pies de Zapatero I, el Necio, Contador de nubes.

sábado, 19 de mayo de 2012

Fábula del FUNCIONARIO y el POLÍTICO.


(Advertencia: el texto que sigue a continuación, salvo retoques de estilo, no es mío. Me ha llegado por correo. Cuanto me llega como anóninmo por correo y lo considero valioso para crear un ambiente crítico, levantar un espíritu de indignación desde cimientos firmes... lo cuelgo, como el juez Linch, en este blog).

          Un señor que va en coche y se percata de que está perdido, maniobra y pregunta a alguien en la calle:
        — ¡Disculpe!: ¿Podría usted ayudarme? He quedado a las 14:00 horas con un amigo, llevo media hora de retraso ¡y no sé dónde me encuentro!
        — Claro que sí —le contesta— se halla usted en un coche, a unos 7 Km. del centro de la ciudad, entre 40 y 42 grados de latitud norte y 58 y 60 de longitud oeste.
        — Es usted FUNCIONARIO, ¿verdad? —le espeta el conductor.
        — Sí señor, lo soy. ¿Cómo lo ha adivinado?
        — Muy sencillo, porque todo lo que me ha dicho es "técnicamente correcto", pero "prácticamente inútil": continúo perdido, llegaré tarde y no sé qué hacer con su información.
        — Usted, sin embargo, por lo que veo es POLÍTICO, ¿verdad? —pregunta el FUNCIONARIO.
        — ¡En efecto! —responde no menos admirado y orgulloso el POLÍTICO— ¿cómo lo ha sabido?
        — Porque no sabe dónde está ni hacia dónde se dirige, ha hecho una promesa que no puede cumplir y espera que otro le resuelva el problema. De hecho, está usted exactamente en la misma situación que estaba antes de preguntarme, pero ahora, por alguna extraña razón parece que la culpa es mía.

viernes, 18 de mayo de 2012

El Peñón PONE al duque de Edimburgo.


        Empiezo afirmando rotundamente, sin esconderme, sin ambages, sin dilación, que lo del Peñón me pone cantidad. Ya entiendo yo que el duque de Edimburgo, cuando vio a la rubia vestida de rojo, también se agitó un mucho y le dijo aquello, más o menos, de que "¡Me arrestarían si desabrochase ese vestido!”. El tipo no da para más. Su mujer, esa reina mal vestida de gesto adusto, tampoco… Y lo repito: a mí lo del Peñón me poneLo escribí aquí en una columna. Eso de amagar y no dar es una mariconada de quienes juegan de boquilla. Si vamos, ya saben… ¡vamos a por todas!
        Dicen esos ingleses que hablan la lengua de Shakespeare con asento de Caí, pisha…, que si la Guardia Civil acompaña a nuestros barcos, que a los suyos, que los acompaña la Navy… Pues nada: cada uno es responsable de sus actos. Eso sí: intentar acojonarnos con la Navy, nada de nada…, compañeros.
        El follapavas de Picardo, la llevo que voy que ardo, dijo aquello tan hermoso de que la Reina, mi Señora, dejó de ir a ver a Isabel II por Gibraltar y que eso son medidas del siglo XVIII. La verdad, puesmireusté, no es un tren que sale a hora fija. La actitud de mi Reina les dice a ustedes que ya está bien de marear el puto mono en el patusco… Que ustedes ahí, en el rodalillo que tienen, además de haciendo enjuagues y tenebrosos negocios para una economía dentro de territorio de la UE, y además, insisto, no paran de hacer lo que les brota. Mandan al tal Eduardo con motivo del jubileo de la señora de los sombreros y el mal gusto en el vestir… Puesmireusté que va a ser que no: que esta vez la perragorda no se la vamos a conceder, que nos vamos a atravesar como la viga de Torredelcampo y vamos a ver quien la tiene más larga… ¡Y no es problema ni de predicados ni de atributos! Es un problema de complemento directo que ustedes no saben poner en pasiva.
        Y al duque de Edimburgo que nunca fue ni una lumbrera ni el primero de clase mejor dejarlo en palacio. Ya a la edad que gasta, no quema bien el gasoil… ¡que lleva, mi hombre, un chusmascón negro detrás, que no le cuento! Ya digo: mejor no sacarlo del palacio que está rijoso y verdón a la vejez, coño.

Opine, imbécil, opine…


     Parte esencial del panorama intelectual, pseudointelectual, contraintelectual, radiofónico, televisivo e introspectivo, callejero y provincial, nacional y trasnacional… es que TODO ES RELATIVO, que TODO ES OPINABLE y, por tanto, TODA OPINIÓN ES IGUALMENTE VÁLIDA, venga de quien venga… Al más tonto de mi calle no se le escapa que si todo tiene el mismo e idéntico valor es porque no hay nada realmente valioso, nada hay que debatir. Hemos dado de mano.
         Leo que, según una encuesta del sindicato CSIF de la enseñanza, más del 60% de los padres andaluces OPINAN –PALABRA DEL PUEBLO, DICTADURA DEL RELATIVISMO- que los profesores, los maestros, etc. deben poner deberes a sus alumnos para que los hagan en casa. Encuestas sobre cualquier realidad, seria o chorrada lírica y todos a opinar.
         Supongo que habrá algún imbécil que asuma que sobre la operación de corazón que se realizará a su hija podamos opinar todos, decidimos si se le aplica anestesia general o epidural, si se le hace una toractomía anterolateral o cuántos pilares le ponemos al puente que cruzará el río… y lo decidimos en el barrio a mano alzada, mientras el ingeniero va chupando la punta al lápiz para empezar a calcular, eso sí: oídas nuestras opiniones… Y así sucesivamente: decidimos entre los colegas cómo organizar el tráfico del  barrio o cómo diseñar los colectores de la ciudad para mejor y mayor beneficio del común de los ciudadanos.
         Si nada de lo citado en el párrafo anterior es opinable ¿por qué es opinable lo que debe hacer o no el maestro…? ¿Cree acaso usted que voy a dar una opinión? No… ¡ni muchísimo menos! Para ese viaje no pierdo el tiempo. Lo ha dicho EL PUEBLO SACROSANTO y, por tanto, amén.

jueves, 17 de mayo de 2012

La reina de España, la Señora.




  Ya entiendo que para las relaciones diplomáticas, de ordinario, la ley del talión no es la medida más adecuada. Tampoco parece aplicable aquello de donde las dan las toman. Mala actitud para hacer amigos desairar al vecino. No obstante estoy dispuesto a defender hasta la sangre la posición de la Reina, mi señora, de no acudir a los 60 años de reinado de Isabel II, reina de los ingleses y sus colonias, señora de la pérfida Albión.
        Lo que no podemos hacer, ni debemos, es comportarnos como si no ocurriera nada, como si no pasara nada, traslarín, traslarán… Las relaciones de España por Gibraltar con Inglaterra son tensas y deben serlo. Habrá muchos pisaboñigas a quienes les importará una higa lo que ocurra al respecto. A otros, no. Franco, que creo que se murió, pero sigue vivo en el pensamiento, los hechos y las reivindicaciones de la izquierda y de la derecha española, afirmó que Gibraltar caería en nuestras manos como fruta madura. Buen estratega, dicen, no era ni era muy listo, pero no le pelaron la guerra y a lo bobo se subió en el machito y anduvo 40 años pastoreando a este pueblo cerril. Pues no, profeta, con acierto, a día de hoy, no lo era el gallego bajito de voz aflautada… Gibraltar, ese peñón lleno de monos y de llanitos que hablan inglés con acento de La Línea, ahí sigue con sus bobbies y sus coches con el volante en la derecha… y jodiendo el pasodoble.
        En Las guerras de nuestros antepasados, contaba Delibes que Padre, cuando bajaba al sur con el tractor para trabajar, siempre se llegaba a la verja para vocearles a los guardias del otro lado y mentarles a la madre y eso para así lograr que por fin, su hijo, Pacífico Pérez, tuviera su guerra, tal y como la habían tenido el Bisa, el Abue y él mismo… Tampoco fuera quizá lo más conveniente, no obstante los ingleses no se arrancaron por derecho.
        Lo primero que le dijo nuestro actual ministro de Asuntos Exteriores, que me parece un tipo clarito en el hablar y sensato en el decir -durmiendo, le da cien vueltas, al huevohelado de la Trini-, pues eso García-Margallo, cuando se echó a la cara al que llaman su homólogo inglés, insisto, ¡la primera vez que lo vio!, le mentó el Peñón, lo que venía a ser como lo que hacía Padre, es decir: ciscarse en su madre y en todos sus muertos y no importarle hacer o no amigos. Aquí hemos venido a servir a España: no hemos venido a coleguearnos con unas copitas en la mano… ¡Jijí, jajá!  “Desaire español” chamullan en inglés los periódicos en inglés: snub over, es decir, que la Reina, mi Señora, le hace diplomáticamente una peineta a esa señora de raros sombreros y mal gusto en el vestir que hará que su hijo gobierne con garrota… Pues no, mire usted, señora: usted celebrará su cumple con sus amiguitos, pero no cuente conmigo. Usted y sus familia no dejan de meternos sus pérfidos deditos en los ojos y no pueden pretender ahora que nosotros les besemos en la boca, les llevemos unos regalitos y como si nada… No. Lo siento…
        ¡Y que cumpla muchos más!, pero en su puñetera casa y Dios en la de toos.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Cándida carta a Cándido Méndez.


       
         Inigualable e inmarcesible Cándido:
        
         Desde que te mueves por Madrid no te he vuelto a ver por el paseo de la Estación, ni por el barrio… ¡Llevas tantos años fuera de Jaén! Tiempo has tenido de cultivarte, comprar relojes, quitarte mucho del pelo de la dehesa y polvo de la cantera de Trueba, aunque me sigues pareciendo el mismo excelente bebedor de tubos de Alcázar del bar León, donde tantas veces te veía, mientras yo iba a los futbolines de Moisés… ¡qué tiempos! Entonces no vestías como ahora; aunque ya tenías el mismo aire intelectual de hoy, ¡tan candoroso tú, Cándido!
         Te pongo estas letrillas porque quiero que me ayudes a comprender lo que no alcanzo. Seguro que tú, que tanto has viajado ahora, que vives en Madrid y que eres el jefazo de la UGT, seguro que me sacas del aprieto.
         Llevo 30 años trabajando en la enseñanza. Tengo un cochecillo modelo medio-bajo y un piso que aún no he terminado de pagar. No tengo joyas ni obras de arte de valor… Trabajé 22 años en la empresa privada y siempre me subían el sueldo, unas veces más y otras menos: trabajaba mucho y cobraba menos que en la empresa pública en el mismo nivel de empleo. Ahora, desde que saqué unas oposiciones como profesor en el 2004 (antes del llamado “arreón” de puertas abiertas a miles de interinos que vosotros hicisteis en Andalucía). En dos ocasiones los socialistas, vosotros, en estos ocho años me habéis bajado ya el sueldo dos veces: una desde Madrid lo hizo Zapatero I el Necio -a quien tú sonreías- y ahora lo hace tu compañero Pepe Griñán… ¡Y no lo entiendo, Cándido! La verdad es que a nadie le gusta que le bajen el sueldo…, a nadie le agrada que de forma unilateral le cambien las condiciones de su trabajo, a nadie le gusta que por cojones unos tipos que han despilfarrado, gastado, etc. se tomen la libertad de disponer de parte importante de tus esfuerzos… ¿Tú me lo puedes explicar?
         En ninguna de las dos ocasiones os he oído a Toxo –¡qué Castelar de la tribuna sindical!- ni a ti hablar de manifestaciones, de huelgas, de quejas… A mí, sencillamente, que os arroguéis la defensa de los más necesitados –por ser de “izquierdas”, que no sé lo que es- me duele en la inteligencia. ¿Tú me lo puedes explicar?
         No os he oído a vosotros renunciar a nada de lo mucho que tenéis, de lo mucho que cobráis, de lo mucho que recibís del Estado –de mis impuestos, eso sí sé lo que es-… Me asombra que aún seamos tan tontos de seguir pagándoos vuestros… ¡lo que os da la gana!, cuando, perdona, sois cuatro pitos y un tambor los afiliados a ambos sindicatos… ¡te lo digo en serio, Cándido, no lo entiendo!, ¿tú me lo puedes explicar?
         He pensado, viéndote, que quizá erré el camino. Que eso de dedicar 30 años a la enseñanza fue un error en parte. Que eso de querer mejorar la sociedad, ayudar a los demás, enseñar al que no sabe, etc. ha tenido un costo personal excesivo… y que quizá debí hacerme de “izquierdas” –que no sé lo que es, pero me gusta- y así tener como tú una vida de viajes, de no tener un horario canalla durante tantos y tantos años, de no tener que soportar todos los desmanes a los que vosotros los socialistas –los de “izquierdas”- habéis sometido a la enseñanza en Andalucía…, ¿tú me lo puedes explicar?
         Pienso yo, Cándido, que sé mucho más que Zapatero I el Necio de RAMÓN, que lo he leído muchísimo más que él, lo conozco mejor… ¡y antes que él! y, aunque yo no quiero ser contador de nubes, sí que quiero tener como vosotros los de izquierdas: relojes buenos como tú, un buen sueldo como el Necio, coches pagados como vosotros, dietas como las vuestras, una declaración de la renta como la tuya y la del Necio… y así… ¡muy de izquierdas, la verdad! Ser como Botín, un banquero rojo de izquierdas…
         En realidad, ¿sabes?, más que darme una explicación… Cándido lo que e pido es que hagas un ejercicio pequeño y comprensible de nepotismo y a mí que soy paisano, cultivado, con muchos más años que tú trabajados en la empresa, en la privada y en la pública, y que, pienso y escribo yo, que ya va siendo hora de que me hagas de izquierdas, que me redimas por la izquierda de tanto quebranto…, por favor, Cándido… no me expliques nada…

         A la espera de tus noticias…  

domingo, 13 de mayo de 2012

CARAJICOMEDIA del señor juez y el obispo de Alcalá…


Don Francisco de Quevedo.
       No creo que seamos muchos quienes le hayamos dedicado horas a las obras de Diego Torres de Villarroel, personaje, sin duda, cuando menos, curioso de nuestro siglo XVIII, tan mal estudiado hasta no hace mucho. En sus Visiones y visitas de Torres con D. Francisco de Quevedo por Madrid queda claro, por lo explícito del título, el contenido de la obra, cuenta Villarroel una supuesta visita al Madrid de su época llevando de la mano, como Virgilio al florentino, a don Francisco de Quevedo con quien el otro día me encontré, por cierto, en la puerta del juzgado azorado, molesto, cabreado y azacanado, por causa que ignoraba, mas contra la justicia. Villarroel su amigo me avisó.
         Explicome airado, con sus ojos de cristal al pecho atados, que un magistrado de la provincial de Alcalá de Henares, quizá de sí mismo enamorado, por acusación de ignoraba quién, le abrió información y causa. Era este el motivo por el que salía del juzgado. Le requería el golilla por averiguar si fueron homófobos ciertos poemas de risas con negros, mujeres y bujarrones, que hallado había entre pliegos de la calle y que llevaban por firma del pueblo el ser suyos y averiguaba si expurgar. Sin tregua ni formas adecuadas, según me dijo, fue recogido por dos corchetes a la puerta de la casa de un amigo, donde andaba de visita, y de patas delante del curial fue puesto don Francisco.
         No me extiendo pues mucho me temo que será condenado el poeta y otros muchos burlones y sátiros, mordaces y deslenguados por tan alto tribunal… Conociendo a don Francisco, no me extraña -como me aseguró un primo del escribiente de la audiencia- que entre risas e ironías, el cojo bisojo, le recitó a su señoría un soneto que él de su puño y letra firmado tenía sobre un bujarrón italiano llamado Julio, que al decir, murió por cabalgado…
        Disconforme y enojada su señoría, corrido de risa el público asistente, quedo e indeciso el escribiente, asumió, motu proprio, don Francisco aquella esotra letrilla donde al inculto y al llorón, al ignaro y al cortito destripole algo de carrerilla:  

                            Es profuso y es muy culto
                            nuestro idioma al insultar,
                            pero yo no tiro al bulto
                            y olvidando el cruel insulto
                            sólo voy a calificar: 
                  
                            Yo te digo maricón
                            y con esto no te insulto,         

         Allí fue Troya sin continuar, según don Francisco me confesó, pues de todo ello salió retahíla sin mordaza y así de puto y de nefando, de bujarra, mariquita y bujarrón, sodomita enlazara con bardaja, invertido salió el tomante, pues hubo donante y tomador…         
         Se agitó su señoría en el estrado, las risas eran de tronío y así, quiso el juez metido a sastre pío tomarle por socarrón la medida a don Francisco, expurgarlo y quemarle los libros pretendió, que no se dice mariquita, sodomita y bujarrón… Pensó su señoría que quizá don Francisco se achicara, que no fue así, por desconocer al muy impertinente, que recogió versos del Manco y despidiose a lo valiente: 

                            Y luego, incontinente,
                            caló el chapeo, requirió la espada,
                            miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.