miércoles, 13 de junio de 2012

Dívar, un marrano ACULAO.


No se ocupen: no sacará ni una pistola ni su chequera.
        Hace un pilón de años, en el discurso de ingreso en la Academia, Paul Valéry comentó que se citaban las virtudes para burlarse de ellas. Hoy, sin ingresar en ningún lugar, de momento, servidor constata que ya no se citan las virtudes ni para burlarse de ellas. De la virtud no se habla. Llevo años sin oír esa palabra en un centro académico. Estoy seguro de que son multitud los educadores –padres, profesores- que ignoran qué sea una virtud y cómo alcanzarla… La virtud la confunden con dones, valores, etc. y así nos va. Témporas y almorranas, primas hermanas.
        La fortaleza, virtud de las cardinales o morales, la tercera no se trata en ponerse hecho una bestia en un gimnasio, “está petao”, dicen ahora al que antes de le decía cuadrao, hecho una mula… No. La fortaleza tiene que ver con la paciencia y la paciencia tiene como rasgo el resistir sin atacar el mal objetivo que se recibe.
        La paciencia se acaba cuando alguien afirma aquello de “ya no puedo más”, “ya no aguanto más” y suele localizar el nivel de aguante hasta el moño, hasta los cojones, etc. Es cierto que el valiente es paciente. No se debe confundir con el principio estoico que para alcanzar la felicidad vive en el “renuncia y soporta”. No. Las uvas, si están buenas y no alcanzamos a ellas, no nos podemos engañar como la zorra diciéndonos que no tenemos ganas, que están verdes, etc.
        Dívar ha colmado muchas paciencias. Por muchos motivos, pero también porque es un cobarde. Es mucho más valiente, ¡dónde va a parar!, quien abandona, quien dimite… que el cesado, el expulsado, el destituido… Ya, si es el perro quien te pone en la puerta, como a Pedro Picapiedra…, es que la has jodido hasta las asas.
        Los trajes de los valencianos, los coches regalados y los viajes de valvulinas y pagados por todos, las vacaciones con queridas, queridos y amiguetes, los recitales de hocico que se dan esos cretinos catetos metidos a políticos, las tarjetas del cargo usadas en los clubes de copas y alterne… todo eso es calderilla, chocolate del loro, desde el punto de vista económico y más aún si lo comparamos con los miles y miles de millones de euros que se han fugado no sé ni cómo, ni dónde… Dívar, el hombre, se ha dado unos garbeos por aquí y por allí, lejos, donde no lo conocieran y a costa de esos mismos desconocidos. Dívar se ha ido con el que le guarda la espalda y sólo él puede atacarle. Todo lo que está saliendo huele que apesta. Un tipo como él, que no sabe dónde va ni cuándo ni con quién es más peligroso que una piraña en un bidet, entre otras cosas porque no estoy hablando guardia de la porra trabaja en la puerta del Juzgado. Estamos hablando del Presidente del Consejo del Poder Judicial.
        Dívar insisto es un cobarde. Él no va a dimitir. Ahora menos que nunca. Dívar es ahora un marrano aculao que está dispuesto a rajar a todos los perros que le entren de cara. Hará, por cobardía, todo el daño que pueda, y si yo fuera el perrero en esa rehala no lo dudaba: lo despachaba a mano en un abrir y cerrar de ojos.

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