jueves, 7 de junio de 2012

Funcionarios laminados...


       
         Nadie está libre de equivocarse. Servidor, el primero. Escrito lo cual añado. Si yo fuera político y me viera amenazado por los funcionarios del Estado me quedaría más tranquilo que el tomate en su mata.
         El sentido del sueldecito, en general, y el puestecito y la seguridad del funcionario, como la inmensa mayoría ignora, se debe a que estos derechos –que no privilegios- se los otorga la propia Sociedad, el Estado, para blindarlos contra el posible caprichoso poder de turno. Un funcionario no debiera estar al albur de los antojos de los políticos que mandan. El funcionario está para servir gobierne quién gobierne, para cumplir con una función que se debe a la Sociedad para la que trabaja, que le paga y lo mantiene, y no para el político que gobierna. Se supone, por tanto, que el funcionario es intocable por parte del político.
         ¿Qué hacen los políticos? Como quien hace la Ley hace el chanchullo, el político se inventa una administración paralela, vertical, horizontal y mediopensionista, unos funcionarios paralelos, genera unos puestos en la propia Administración que llama como le da la gana y ahí coloca a sus amigos, a sus apesebrados, sus compañeros de partido, sus clientes, etc.
         ¿Qué ocurre con el funcionario que, por la circunstancia que fuere se atraviesa al político de turno o al paniaguado de turno que el político ha puesto al mando de los funcionarios? Pongamos un ejemplo. Un Secretario de Ayuntamiento está a las órdenes de un alcalde que le puede estar haciendo la vida imposible hasta decir basta. El Jefe de sección, nombrado a dedo por el político que manda, puede hacer con el funcionario que baile la jota aragonesa con las manos y joderle y complicarle la vida, el compás y el baile.
         ¿Qué suele ocurrir entre el pobre funcionario y el político que tiene el poder? El funcionario, si no le queda más remedio, se pliega, se pone al servicio del político y prefiere pasar sobria y templadamente la vida y procurará que no le hagan daño. Los funcionarios con perspectivas profesionales pueden ser aupados o hundidos en sus carrera dependiendo de lo que el político determine, pues puede generar situaciones desagradables en las que el funcionario bien puede verse mirando para las casas colgantes de Cuenca.
         A los esbirros de Serafín el Bonito, en la obra de Valle, Luces de bohemia –posiblemente la mejor obra de teatro del siglo XX en español-, mi amigo Max Estrella les explicó cuando lo llevaron a comisaría que él era cesante de hombre libre y de pájaro cantor, pobre. En el turno de partidos que copaba el primer tercio del siglo XX, y contra el que se levantaron tantos que luego resultaron burlados, cuando entraban los liberales… enchufaban a los suyos… Precioso verbo: enchufar. Cuando entraban los conservadores, los enchufados del partido liberal pasaban a ser cesantes y entraban sus clientes, sus pesebristas, los conservadores con carné en la boca o en la cartera.
         Yo, si fuera político, viendo el compás del mundillo de los funcionarios no estaría preocupado. El político es ciudadano de a caballo. Un tío casta. Un tío que se ha subido en el machito. Un payo que con la cosa de la res publica se pone un sueldo y unas prebendas. Está ahí para hacer una carrera y ganarse más que un chusco. Del caballo no se baja motu proprio ni muerto. ¿Quién lo baja? Se suele ver apeado por sus errores, sus enemigos en el partido al que pertenece, por agotamiento, por afanamiento…, por perder su partido las elecciones, pero me temo que por muchos funcionarios que se junten, y están siendo pasados a cuchillo, no caerá ni un caballero con espada toledana y bien asentado en sus estribos. Servidor, igual se equivoca, pero yo no les echaría ni puta cuenta a los funcionarios donde tanto predomina en gris susto, el oscuro temor, el bermejo pusilánime, el acomodaticio blanco…
         Se les ha bajado el sueldo. Y la Sociedad calla y los funcionarios callan. Se les recortan derechos y la Sociedad calla y los funcionarios callan. Médicos, policías, profesores, jueces, maestros, ingenieros de toda laya, notarios, administrativos, auxiliares administrativos, empleados mil de hospitales…, de dependencias… Tienen en sus manos el poder de parar el Estado, pero no lo harán… Los políticos pueden cortar ahí sin miedo… La gallina siempre vuela poco y bajo.

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