domingo, 6 de mayo de 2012

Esa ESPAÑOLA vale un IMPERIO...


Doña Laura Alonso, la española.
         Cuando la generación del 98 andaba a vueltas con el ser de España y mirando cómo volverla a regenerar y todo eso, los de antes Costa, Picavea, Isern, Ganivet… y luego Machado, Unamuno, Baroja, Azorín… Castilla, Castilla hizo a España, concluyeron. La Castilla que fizo a sus hombres y los gasta. "Esto es Castilla, señores, que hace hombres... y los gasta", que dijo Fernández Coronel, cuando estaba a dos minutos de entregar su alma a Dios por orden de Pedro I de Castilla… No es mala frase para cruzar el jodido portalón de la muerte, a ver: a algunos les sale y a otros no tanto.
        Falta de voluntad, escribió Azorín. No se nos dan las ciencias, por ser del sur, dijo don Pío Baroja  y lo apoyó Cajal. ¡El individualismo nos tumba!, escribió don Miguel de Unamuno –tan vivo hoy-… El pobre Machado, menos intelectual, repitió con Unamuno el carácter cainita del español, siempre dispuesto a matar al hermano. Así no vamos ni a la esquina, ¡nos pelan!
        Ortega, Marañón, d’Ors, Cossío, Azaña, Pérez de Ayala… sobra masa y faltan elites dirigentes, personas cultas, arrojadas que fueran capaces de tirar de una República liberal como la del 31, que luego fue pasada por otras aguas y otros lodazales y, claro, “No es eso, no es eso”, escribió Ortega.
        La unidad de destino en lo universal la dejaron más pegada que un pellejo a una pared en Alicante… No: siete llaves al sepulcro del Cid… Ni la España Imperial ni los cuentos de la niñera, señorita… Se acabó… Los cuarenta años del desierto.
        España quiso ser Europa. Pudo quizá ser solo Mediterráneo, incluso África, pero no era posible: la historia de Europa la hicieron españoles siempre entre alemanes, franceses, ingleses, italianos, flamencos… España solo podía ser Europa porque siempre lo quiso ser… Marías lo escribió en la España inteligible.
        ¿Qué tenían aquellos que cruzaron la mar Océana…? Pizarro, Cortés, Elcano, Cervantes, Bernal Díez del Castillo, Colón, el loco Aguirre… y cuantos cruzaron el charco con un bocadillo mojado de chorizo y la espada herrumbrosa, segundones y huidos de la Justicia, tahúres y pendencieros, carne de penal y aristócratas sin rentas… “Nos vamos, pero volveremos”; el gran sueño: Ir y volver forrado.
        ¿Alguien pensó en el papel jugado por las mujeres en estos lances? Mujeres arrojadas, mujeres con sangre en el ojo, mujeres dispuestas a poner sus vidas al tablero por sacar adelante a sus hijos, sus casas, sus vidas, madres capaces de vivir con un negro esclavo -¡entonces!- como la madre del Lazarillo por sacar a la prole, amas y sobrinas capaces de organizar una quema de libros… Mujeres detrás y delante: el bocadillo sin albal y una muda de calzoncillos… “¡Que tengas cuidao! ¡Y que no te tardes! ¡¡Que te espero!!”. Y las lágrimas a solas…
        Entre estas santas mujeres, entre estas arrojadas y valientes hembras me apunto el nombre de Laura Alonso, la española, que tuvo el valor y el gallardía de defender en el hervidero del Congreso argentino la Ley…, la Verdad… ¡sin miedo, sin temor! La española…, ¡con dos cojones! España y su imperio los hicieron las mujeres en la cama y desde la cocina y en la calle… ¡Con lágrimas y a empujones!

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