viernes, 18 de mayo de 2012

Opine, imbécil, opine…


     Parte esencial del panorama intelectual, pseudointelectual, contraintelectual, radiofónico, televisivo e introspectivo, callejero y provincial, nacional y trasnacional… es que TODO ES RELATIVO, que TODO ES OPINABLE y, por tanto, TODA OPINIÓN ES IGUALMENTE VÁLIDA, venga de quien venga… Al más tonto de mi calle no se le escapa que si todo tiene el mismo e idéntico valor es porque no hay nada realmente valioso, nada hay que debatir. Hemos dado de mano.
         Leo que, según una encuesta del sindicato CSIF de la enseñanza, más del 60% de los padres andaluces OPINAN –PALABRA DEL PUEBLO, DICTADURA DEL RELATIVISMO- que los profesores, los maestros, etc. deben poner deberes a sus alumnos para que los hagan en casa. Encuestas sobre cualquier realidad, seria o chorrada lírica y todos a opinar.
         Supongo que habrá algún imbécil que asuma que sobre la operación de corazón que se realizará a su hija podamos opinar todos, decidimos si se le aplica anestesia general o epidural, si se le hace una toractomía anterolateral o cuántos pilares le ponemos al puente que cruzará el río… y lo decidimos en el barrio a mano alzada, mientras el ingeniero va chupando la punta al lápiz para empezar a calcular, eso sí: oídas nuestras opiniones… Y así sucesivamente: decidimos entre los colegas cómo organizar el tráfico del  barrio o cómo diseñar los colectores de la ciudad para mejor y mayor beneficio del común de los ciudadanos.
         Si nada de lo citado en el párrafo anterior es opinable ¿por qué es opinable lo que debe hacer o no el maestro…? ¿Cree acaso usted que voy a dar una opinión? No… ¡ni muchísimo menos! Para ese viaje no pierdo el tiempo. Lo ha dicho EL PUEBLO SACROSANTO y, por tanto, amén.

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